Fanáticos, resilientes con iniciativa propia

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por Sandro Maciá

Resiliencia, nuevo disco de Fanáticos

¿Kamikazes? ¡¡No!! Tenaces. Sí, con rima y todo, no me digan. Pero es que, ahora en serio, ¿por qué, aun habiendo sido testigos de históricas revoluciones y convulsos cambios, seguimos alimentando esa confusión entre lo que supone una adhesión incondicional a una causa y el peyorativo y casi suicida concepto de arrasar sin control ni miramiento contra todo lo que no nos viene a favor? Respuesta a la vista: porque nos falta, muchas veces, la amplitud de miras y el amor por lo realmente anhelado y defendido que todavía poseen –por suerte- personas como los integrantes de Fanáticos, una banda indie-pop valenciana que no sólo no oculta su entusiasmo en esto de amar lo que hacen, sino que lo defienden hasta el punto de enarbolar por bandera un nombre tan contundente como gráfico a la hora de transmitir que, para ellos, crear canciones es una forma de vida.

Que “ni pintao” les va el nombre, ¿eh?. Por eso, nada de salto al vacío ni de derrape sin frenos. No. Pese a lo que pueda deducirse del adjetivo en cuestión, tanto Luis Pérez (voz y guitarra) como Juanjo Rico (bajo), Sergi Albors (guitarra) y Gonzalo Mengual (batería) y Koke Ruiz, miembros del grupo, tienen bien cogido el timón de una trayectoria que continúa ahora al amparo de un sólido y seguro amarre, el que supone contar con el paraguas de Flor y Nata Records, sello que ha dado salida a Resiliencia (2020), su nuevo y exitoso disco.

Y es que, bien podría decirse que con tanta claridad y esmero, todo parece estar a su favor, sin problema. Pero, ¡ah!, no crean que esto es tan sencillo, pues si de éxito hablamos –y con conocimiento de causa, oigan, que más de un millón de oyentes ya han escuchado el trabajo de Fanáticos en plataformas como Spotify-, este se debe al fruto de un trabajo y de una compenetración artística que nos llega en forma de once cortes y un bonus track. O lo que es lo mismo, de doce fehacientes pruebas de que el empeño expuesto en su nombre no se queda ahí, sino que impregna cada acorde y verso de futuros hits, como la guitarrera Tesoro –con su oasis entre estrofas y unos rifs que mantienen el ritmo en todo momento-, la festiva Aún recuerdo aquellos días –buen rollete, ¡mola!-, la aclamada Será lo que tenga que ser –magistral, pegadizos sonidos y despreocupado concepto textual estructurado para ser recordado sin caer en lo repetitivo-, la honesta Pudo ser mejor –sinceridad a buen ritmo-, la casi consiguiente Aprendiendo a vivir sin ti o la original versión –ahora de inicio electropop y cuerpo marcado por la distorsión a las cuerdas y una voz a la altura- del mítico Hey de Julio Iglesias.

No obstante, y sin olvidar que no menos atractivas resultan también Aún recuerdo aquellos días, Fuera de Control, Vodevil y Se que somos únicos, en este tracklist –muy bien ordenado, por cierto- cabe destacar, además de la belleza acústica del bonus Cambiar mi destino, las dos espectaculares colaboraciones de Iván Ferreiro y Conchita en Todo y Amantes, respectivamente, poniendo la guinda a Resiliencia, cuya cocción contó con otros grandes del sector en lo referido a la producción, que fue obra de Juan Luis Giménez, miembro de Presuntos Implicados y productor de Piratas, Cristina Rosenvinge, Efecto Mariposa o Conchita; las mezclas, hechas por Manu Tomás (Amaral, Niña Pastori, La Pulqueria) y la masterización, de Enrique Soriano de Crossfade Mastering.

Ahora, ¡a por el directo, que ya hay ganas!

 

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