Marcos y Molduras debutan con Te espero en casa

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por Sandro Maciá

Debut poperamente ruidista

 

Es muy probable que muchas de mis manías se deban a la “deformación” profesional. Verdad verdadera. Y cuando digo muchas, creedme: podrían ser todas, desde la más mínima a la más flagrante, a esa que puede llegar a convertirse, si me apuran en TOC. Pero, ¡ja!, ¿acaso no está la propia vida para darnos un necesario bofetón a tiempo y hacernos ver que, por muy convencidos que estemos, algunas de estas paranoicas y obsesivas creencias, crecen a un paso tan acelerado -y sin una base sobre la que enraizar- que acaban cayendo por su propio peso?

 

Sí. Así es. Y a mi la vida –o el karma, o como queramos llamarlo-, hoy mismo, no me ha dado una bofetada, ¡me ha pegado una paliza! Una merecida tunda de realidad que me ha hecho caer en la cuenta de que mi obsesión por huir de aquellas bandas que llegan con el prefijo de “prometedoras”, aunque ha contribuido en no pocas ocasiones a salvarme de pérdidas ingentes de tiempo, casi me deja hoy sin disfrutar de un dúo que no sólo promete, sino que cumple: Marcos y Molduras, un par de dos –vale, chiste fácil- cuya ambiciosa justificación ante la sala, amén de mi locura, viene dada por su primer disco, una alegría para el pop ruidista que ya augura consistencia desde su título, Te espero en casa (Discos de Kirlian, 2020).

 

Pero no. No penséis que un par de palabras originales son las que avalan mi lucha contra el karma. Ni mucho menos. Si de enumerar se trata, ocho son los motivos que me llevan a tragarme mis prejuiciosos impulsos y a hincarle el diente a lo nuevo de Marcos y Molduras: las ocho píldoras de tweepop y ruidismo que componen el tracklist de su buenrollista debut. 

 

O lo que es lo mismo, las ocho candidatas que pugnarán por ganarse el amor de todo aquel que quiera pararse a degustar la esencia ágil y estructuralmente directa que se siente desde La rutina –primera canción, un chute pop de letra ácida y originalmente bien traída de principio a fin, con marcada influencia de Axolotes Mexicanos- hasta Un nuevo año –de principio suave y explosivo final, a modo de contraste, pero con la elegancia correcta para clausurar el disco-, pasando por momentos de softpop –una escucha a Amigas y me entenderéis- y de eclecticismo –concepto que impera en Te puedes morir-, sin perder en ningún momento ese ir y venir de subidones noise pop, como puede apreciarse en la espectacular estructura de Desde que vivimos juntos -con sutil inicio pero animada continuación- y en La de Parks, La de los memes y Antonio Grilo, las otras tres composiciones que abanderan, cada una a su manera, el citado estilo.

 

¿Qué tema ganará esta carrera? Allá cada uno, esto es tan personal como la propia edición del disco, que ha nacido materialmente en formato vinilo de 10″, bajo la siempre romántica propuesta de una tirada limitada y con dos portadas, para poder escoger entre el color azul o naranja… Aunque lo importante, por cursi que suene, está en su interior, en esa naturalidad tan contagiosa como adictiva que desprende, de cabo a rabo, Marcos y Molduras.

 

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