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Muerte en Santa Rita de Elia Barceló. 

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por Javier Velasco Martín

Huyendo de una situación personal bastante compleja y en búsqueda de tranquilidad, paz y serenidad consigo misma, Greta llega a Santa Rita, un antiguo balneario y sanatorio que ahora regenta su tía Sofía y que se ha convertido en una especie de comunidad cordial bajo la que residen unas 40 personas de todas las edades que se apoyan unas a otras.

Tras haber pasado 1 año de su adolescencia en Santa Rita y haber significado tanto para ella, Greta decide volver para quedarse una temporada y reubicar y reordenar un poco su vida, sus pensamientos y sus intenciones. Allí conoce a Candy, Robles, Miguel, Merche y varios personajes más con los que empezará a forjar un sentimiento de unión debido a que su tía, una escritora nonagenaria, comienza a replantearse el destino de Santa Rita cuando ella fallezca y le ofrece a Greta ser la heredera, lo que creará en ella un desarrollo del sentido de la responsabilidad y pertenencia para con las personas que viven allí y hará que se replantee aún más su futuro.
El día a día en Santa Rita se desarrolla de manera pacífica y rutinaria hasta que, sin esperarlo, aparece un viejo conocido de Sofía, Moncho Riquelme, un oportunista y farsante que mejor no hubiera vuelto a aparecer jamás. Tras sus idas y venidas con Sofía a lo largo de 4 décadas, Moncho llega con la intención de casarse con ella a fin de poder heredar Santa Rita y convertirlo en una especie de complejo turístico y de casa museo para sacar la mayor rentabilidad económica y así acabar con la vida que hay allí. Pero justamente la noche en la que anuncian Sofía y Moncho que se van a casar, ocurre algo que hará cambiar el transcurso de los acontecimientos.
Sin lugar a dudas, una de las cosas que más me ha fascinado de la novela ha sido la atmósfera que envuelve Santa Rita (o La Casa’ Las Locas como era más popularmente conocida), ubicada en la costa alicantina: una atmósfera mediterránea, cálida y bucólica, una atmósfera intergeneracional bajo la que viven desde personas jubiladas hasta estudiantes donde cada uno aporta, además de su sabiduría, fortaleza y juventud, trabajo para reformar y mantener Santa Rita. Personas totalmente diferentes entre sí pero que comparten el sentimiento de unión que, gracias a Sofía, tienen con Santa Rita.

Poner el foco y hacer protagonista a una mujer escritora de 92 años es un plus para esta novela ya que, por lo general, no suele ser el tipo de protagonistas que nos encontramos en la literatura actual. Darle voz a Sofía, los pensamientos y sentimientos de una mujer nonagenaria en la última etapa de su vida que se empieza a replantear el futuro de su hogar una vez que ella falte, me ha fascinado.

Una oda al espíritu mediterráneo, a la amistad, la vejez y al feminismo. Una oportunidad de reflexionar sobre la importancia de la identidad, de las raíces más profundas de una persona y, sobre todo, de un lugar al que acudir cuando estás mal, cuando todo se desbarata en tu vida.

Espero que las historias en Santa Rita no hayan hecho más que empezar, y que Elia Barceló nos siga deleitando y ofreciendo muchas más tramas con este elenco de personajes con un bagaje emocional bastante potente y a los que puede sacarle mucho jugo.

Muerte en Santa Rita

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